Géminis


Géminis

Cada amigo representa un mundo dentro de nosotros, un mundo que tal vez no habría nacido si no lo hubiéramos conocido

Anaïs Nin



Cuando tienes que escoger entre dos amantes, es mejor no escoger a uno de ellos. Es mejor escogerse a uno mismo. Esta es una solución que simplemente no puede llegar del puro razonamiento lógico, sólo la experiencia te hace comprenderlo, sólo cierta experiencia te hace hacerlo. Y no siempre es un contrato sellado.
            Hace unos ocho años, cuando ya tenía algunos meses o tal vez un año viviendo con Le petit Marx en la Comunita del Ajusco, conocí a el Azul. Divertido, caballeroso, inteligente, activista político y bailador. Uno de los dirigentes preparatorianos de la huelga universitaria de 1999 en la Ciudad de México. Su primera línea fue —Yo sé que tienes ganas de bailar conmigo. Y así lo hicimos toda la noche, dándonos pequeños descansos de acalorada pasión y ejercicio bucal en medio de una junta política que se había convertido en fiesta. Un par de días después tuvimos nuestra primera cita, para mi era la primera cita formal en mi vida. Le petit Marx no entraba en convencionalismos y Azul tampoco, pero era muy coqueto y amable. Recuerdo que en una ocasión en un concierto de Café Tacuba, me tenía abrazada por detrás y su metro ochenta y cinco centímetros me protegían de la multitud, nunca me sentí más en calma y normal, feliz.
            Por algún tiempo me debatí sobre si debía dejar de estar con alguno de los dos pero nunca pude hacerlo. Ninguno de los tres estaba muy cómodo con la situación por distintas razones; yo disfrutaba mucho estar con Azul, era el novio perfecto, pero Le petit Marx iba a ser el padre de mi hija y la persona con la que compartiría “hacer la revolución”. Nunca decidí, Azul resolvió que iba a empezar a salir mucho más con hombres que con mujeres, en un 99 por ciento más que antes. Le petit Marx y yo seguimos otros cuatro años con el debate. Salíamos con otras personas pero no nos acomodabamos, la idea de “Gordos Unidos Forever” no terminaba y quien sabe si algún día lo hará.
            Cuando finalmente cambiamos y dejamos de ser amantes, yo empecé a decidir mucho más egoístamente pero irónicamente en beneficio de mis amantes. No iba a ser yo la que me cortara la libertad y tampoco la que se la cortara a otra persona. No es una práctica fácil ni resuelta; uno piensaría que con el tiempo se aprende, pero a veces le atribuimos erróneamente una sabiduría al tiempo que simplemente desmiente uno que otro domingo.

             Nuevamente era temporada de tríos en la vida de la Marluz. O por lo menos es lo que le saltó a la cabeza cuando después de una inucitada experiencia con uno de sus amantes asiduos y una celebridad, se encontró buscando compañía femenina para un nuevo experimento sexual. La prevía temporada no había sido exitosa, el primer capítulo involucró a un fotógrafo porno demasiado involucrado en la escena, su mejor amigo y como audiencia, sus roomates gays. El segundo, una escena de celos a la mitad del acto, una amiga histérica a la que nunca jamás quiso volver a ver y el novio de ella.
            Pero en está última ocasión, el deseo de sentir unos labios femeninos como ya lo había hecho con Safo, Libertad y la “pequeña” Paola, era más que curiosidad, un deseo genuino. 
—La curiosidad habrá matado a un gato, pero a otros nos dio las siete vidas. 
Pensó cuando estaba escribiendo estás mismas líneas. La ocasión se presentó nuevamente de mano de un increiblemente sexy italiano del norte, no lo dudó y se embarco a la aventura. Desafortunadamente las damas del sitio de citas online al que se habían afiliado, no pensaron lo mismo, ni tampoco la hermafrodita de nombre místico que El italiano había propuesto.
            Se reconocieron inmediatamente en la entrada del magnífico Palacio de Bellas Artes, él era un poco más bajito de lo esperado pero después del bar, algunos cálidos acercamientos y cuatro cervezas era un detalle que se podía dejar pasar. Tímidamente le invitó a su habitación en un hotel al sur de la ciudad. Aunque la oferta siempre había estado en la mesa, la noche no había dejado lo bastante claro el resultado. Ella aceptó sin mucho reparo. Todavía cobardes, los sabores de sus besos se empezaron a mezclar en el taxi de camino. Bien dice Anaïs Nin que el sexo, incluso siendo casual, no puede ser una serie de escenas frías y meramente anatómicas. El verdadero sexo tiene por todos lados ternura; expira deseo, jocosidad, hermandad, curiosidad; por más ingenuo que uno sea, no se puede creer que en un acto sexual no exista un grado de amorosidad. Simplemente no ocurriría, los químicos corporales no lo permitirían, una erección ni tampoco la lubricidad serían posibles, sería imposible que alguién realmente quisiera continuar con tal tarea.
            El debate sobre el significado de la libertad, seguía en la mente de la Marluz. En realidad nunca desaparecía, iba y venía cada vez con una incertidumbre diferente. Algunos dirían que paulatinamente encogida. Pero la carne podía más que el engaño, sólo había que estár abierto para recordarlo. Por eso, incluso en etapas de aparente tranquilidad, en las que hasta la idea de una hija le resultaba posible, el sexo nuevo le sería un eficiente recordatorio de las maravillas de la vida que la cotidianidad y la tradición mantienen ocultas.

            El olor de un hombre impregnado profundamente en los poros de mi piel es probablemente el aroma más intoxicante que he conocido. No importan ni el tipo ni el origen del buqué. Mientras atravesaba el barrio chino defeño, no podía dejar de sentirlo, el olor se había vuelto pesado e incaba en mi mente las escenas más celebres de la noche anterior. Por debajo de mis parpados se proyectaba su mirada fija en mi e intentaba imaginar como habría visto la mía. El sólo recordarlo me traía nuevamente deliciosas drogas naturales a mi torrente sanguineo. Estaba feliz, como nunca, porque está vez no había un apego o un desapego irracional. No sentía la necesidad de quererlo más de lo que ya lo había querido en la cama. Había roto con aquello de ser la amante sin cariño con un compañero nuevo; lo había cuidado, divertido, acariciado, besado y cogido sin el engaño de que era un desconocido, una persona cualquiera. Aunque hubiera sido la primera vez que lo veía lo había querido y me sentía real. “En la boca llevarás sabor a mi...” y en la boca llevaré sabor a él, sin importar que en el equinoccio de otoño, a pocos días de haberlo conocido, él se iría y no lo volvería a ver jamás. Soy una romántica después de todo.
            Seré seria y diré que fue el inmejorable tamaño de su sexo, diré que fue que sabía cómo y dónde ponerlo, diré que fue su inclinación política, su iniciativa viajera-ciclista, pero sobre todo, diré que fue esa combinación de niño bueno y pequeño pervertido. A las mujeres también nos es atractivo el estereotipo que retrató tan bien Nabokov con su Lolita. Y aunque Olivia me diga que nadie quiere saber mis intimidades, yo insisto en que es precisamente por eso que nadie tiene lo que quiere y sólo esperan a que les pase en vez de pedirlo. Yo no sabía que era posible, pero en esas noches embriagada de desnudez, me descubría encantada de que El italiano pasará tanto tiempo por detrás mío. Eso lo colocó inmediatamente en el nivel del Frijolito, y aunque con el primero no existía está energía espiritual eterna circulando entre nosotros, no dejaba de ser alucinante; Wild Tender Sex en su máxima expresión.
            Después de escenas como estás, me gusta caminar sola. Es curioso, pero ahora, cuanto más cerca me siento de un hombre me gusta alejarme, caminar y estar conmigo por unos minutos para no olvidar quien soy, quien fui y quien quiero ser; para no volver a no decidir. Ahí, en la mesa de la cena de mi vida, se encontraban sentados como invitados todos mis amantes, todos los mundos que había conocido con ellos y yo estaba partiendo el pan. ¿Qué puedo decir? Soy un postre muy salado.

P.S. Todavía falta que aprenda también, a dejar que me tomen un poco. A dejarme retratar, pero ando en el camino.

Gigliola Cinquetti, Les feuillies mortes
Monseuir Periné, Suin romanticón
Jefferson Airplane, Triade
Carlos Dante y Alfredo de Angelis, Fumando espero
Los amigos invisibles, El disco anal
Led Zeppelin, I can´t quit you baby
Monseuir Periné, Sabor a mi
The Beatles, Im happy just to dance with you
Instituto Mexicano del Sonido, Para no vivir desesperado

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"Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás"
Karl Marx en el Manifiesto del Partido Comunista